
En esta versión teatral del clásico cuento, un emperador vanidoso y despótico gasta las riquezas del reino en lujosos trajes mientras descuida a su pueblo empobrecido. Para escapar de sus amenazas y proteger a su familia, una astuta costurera engaña al soberano haciéndole creer que le ha confeccionado un traje con una tela "invisible" que solo pueden ver las personas dignas e inteligentes. El emperador, avergonzado de admitir que no la ve, hace una aparición pública vistiendo ropas invisibles. Cuando el pueblo —encabezado por la voz sincera de un niño— grita que está desnudo, el mandatario queda en ridículo, perdiendo su poder y autoridad ante la verdad.